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"Si tenéis trigo, no debéis sembrarlo. Todo lo que sembréis se lo comerán los bichos, y lo que salga se quedará en polvo al trillarlo".
"Vendrá una gran hambre".
"Antes de que llegue el hambre, a los niños menores de siete años les dará un temblor y morirán en los brazos de las personas que los tengan".
"Los demás harán penitencia por el hambre. Las nueces saldrán vanas, las uvas se pudrirán."
Carestía de patatas en Corps en la Navidad de 1846. Y en los años siguientes, una crisis económica,
primeramente alimenticia, después financiera e industrial mina toda Europa; enfermedades del trigo y de la vid, de la nuez, mortalidad infantil
incrementada. Por esos acontecimientos, los contemporáneos, especialmente los de la región supieron leer los "signos de los tiempos" (Lc 12,54).
Hoy, como ayer, la guerra, el hambre, los niños que mueren... "y no hacéis caso". Hoy, como ayer, hay acontecimientos que nos interpelan: no
hay nada más urgente, más apremiante que nuestra vuelta a Jesucristo (Lc 13,1-10). Porque la muerte de Dios es la muerte del hombre: "Si no
creéis, no podréis subsistir (Is 7,9) (Después de haber hablado en secreto a Maximino y luego a Melania la Bella Señora continúa su mensaje).
SI SE CONVIERTEN
"Si se convierten, las piedras y las rocas cambiarán en montones de trigo y las patatas se encontrarán sembradas por las tierras".
"El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed la Buena Nueva". Toda la misión
de Jesús queda así expresada (Me 1,15). La Biblia ya había anunciado esa armonía recobrada (Is 11), esa añadidura concedida a los que buscan primero
el Reino de Dios y su Justicia" (Mt 6,33).
- "¿Hacéis bien vuestra oración, hijos míos?
- "No muy bien, Señora".
- "¡Ah! hijos míos, hay que hacerla bien, por la noche y por la mañana; cuando no podáis más, rezad al menos un Padrenuestro y un Avemaria, pero cuando
podáis, rezad más".
- "Durante el verano no van a misa más que unas ancianas, los demás trabajan el domingo, todo el verano. En invierno, cuando no saben que hacer, van a
misa sólo para burlarse de la religión". "En Cuaresma van a la carnicería como perros".
¿La oración? ¡De cada día, de cada semana de cada año! Hoy se nos pregunta a nosotros, como ayer a los niños.
¿Es la oración para nosotros un diálogo libre y constante con el Padre, una búsqueda y vivencia de su voluntad? ¿Ofrecemos al mundo "la imagen de una
Iglesia que celebra y que ora"? ¿Especialmente en nuestra participación en el misterio eucarístico?
La oración nos compromete: ser "practicante" sin querer cambiar de vida o ser un "creyente" aislado que no
practica ¿no es acaso mofarse de la religión? Jesús arriesgó y ofreció su vida por todos. La Cuaresma nos hace caminar sobre sus huellas y, si nuestros
caminos son a menudo viacrucis, son al mismo tiempo una subida hacia la Pascua, hacia la reconciliación con Dios, hacia el compartir con los hermanos,
hacia la conciencia de nuestra dignidad de hombres libres. En nuestra sociedad de consumo y de derroche, ¿no es verdad que vivimos "como perros",
olvidando la inmensa miseria de los pueblos pobres y tantas injusticias que nos rodean?.
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